Una mirada a través del proceso de transformación histórica de la agricultura

El territorio merideño es el reflejo de un complejo proceso histórico de poblamiento sobre un variado territorio que posibilitó y condicionó la aparición de sistemas productivos que hoy cohexisten y generan una diversidad en el paisaje que nos identifica. Nuestra diversidad es una evidencia más de la existencia de arraigados valores en la sociedad andina en convivencia con una naturaleza de singular belleza. En ese sentido, sociodiversidad y biodiversidad forman un conjunto no sólo digno de rescatar y conservar para las generaciones futuras, llaman y merecen nuestra atención como garantes de la necesaria sostenibilidad del desarrollo de esta región.

La mirada que damos en este espacio virtual tiene su hilo conductor en la historia y la agricultura, resaltando aquellos cultivos que han dejado una huella marcada en la sociedad y su espacio… el mosaico que constituye nuestro paisaje. Esperamos colaborar en un futuro cercano en el rescate y preservación de algunos cultivos autóctonos, no solo por su importancia para la seguridad agroalimentaria del país, en la lucha contra la “uniformización” de los cultivos a nivel mundial.

El Estado Mérida


El Estado Mérida se caracteriza por una gran diversidad ecosistémica (pueden identificarse 22 zonas de vida), principalmente determinada por su variabilidad altitudinal y climática.

El trabajo se ha desarrollado por municipios, y por requerimientos de la Cátedra, sobre ciertos sistemas productivos característicos.

Inicialmente se ha trabajado en los Municipios Campo Elías, Rangel, Zea y Arzobispo Chacón.

Los pobladores autóctonos

A la llegada de los españoles existiían una serie de comunidades indígenas poblándo el territorio. Según Moreno (1986), eran de origen chibcha y arawak. Subdivididas en lo que éstos llamaron "parcialidades", según las siguientes ubicaciones:

– En el valle del río Mucujún: los Mucus– Chama, los Mucujunes, los Mocanarreyes y los Mocaketaés

– En Mérida: los Tatuéis (o Tateyes).

– En el valle del Mocotíes: los Mocotíes y los Bailadores.

– En el Morro – Los Nevados: los Mirripús, los Mucumbíes y los Mocabayes.

– En Mucuchíes: los Pagueyes, los Curbatíes, los Mucurubáes, los Cacutes y los Tabayes.

– En la Culata: Los Torondoyes, los Tucanís y los Capaces.

– En Santo Domingo: los Mucubajíes y los Aracayes.

Su regimen alimentario era fundamentalmente vegetariano (Cartay, 1997), y estaba basado fundamentalmente el el cultivo de la papa y otros tubérculos, además del maíz, cultivos que impactaron posteriormente la alimentación del planeta, pero que localmente fueron desplazados por aquellos que impusieron los colonizadores según sus´hábitos alimenticios y el comercio que local y regional que impulsaban.

El proceso de colonización

El proceso de colonización del territorio merideño se realizó fundamentalmente impulsado desde el Virreineta de Bogotá, desde el año 1534, buscan aentarse en la región, hasta que en 1558 el capitán Juán Rodríguez Suárez funda la ciudad de Mérida, proceso que se complica y culmina con Juán Maldonado un año después y desplazando el asentamiento original hacia el actual.

Desde este poblamiento se extienden las expediciones hacia la cordillera en años posteriores hasta coincidir en la población de Timotes con las expediciones que se generaban desde Trujillo.

Al componente militar se se unen posteriormente los Jesuitas, con una gran carga de nuevos cultivos que marcan el nuevo paisaje andino. El cultivo del trigo y sus infraestructuras; eras, molinos, ganado... impuestos por los nuevos pobladores llegarán a incorporarse incluso a un incipiente comercio de dimensiones desconocidas hasta entonces.

Sociodiversidad

Nuestra sociodiversidad es indiscutiblemente un producto de esa mezcla, a diferencia de otros procesos históricos de coloniaje, en Venezuela, y especialmente en territorio Merideño se entrecruzan cultivos, sistemas de producción y hábitos alimenticios, de forma que aunque podemos idetificarlos en su origen, resultaría artificial el combatirlos en función de este. Papa, trigo, café, caña de azúcar, forman parte ya de nuestro patrimonio, no sólo como cultivos, sino como herencia cultural en sus haciendas, trapiches, molinos…

Proponemos su conocimiento, valoración y rescate, junto al de muchos cultivos ancestrales, en la medida que esto sea posible como aporte a la biodiversidad mundial, condición necesaria para la sostenibilidad de la humanidad en toda su diversidad natural y cultural.

El equipo de trabajo

Este Blog ha sido desarrollado por los Alumnos de las Secciones  de la Cátedra "Biodiversidad y Sociodiversidad" (desde el año 2010), del Programa Nacional de Formación en Ingeniería Agroalimentaria del Instituto Universitario Tecnológico de Ejido